NOTA PRELIMINAR
Es innecesario, y quizá poco novedoso, destacar el valor que
poseería una llamada Memoria de Carballeda, escrita por quien
arribara a estas tierras, hacia octubre de 1863, con las tropas del
general de Vedia. Curiosamente, esta fuente, de incalculable valor
para el conocimiento del pasado histórico de Nueve de Julio,
ha sido tan poco citada, como difundida. Ocurre que, ya muerto su
autor, en manos de Mariano Rumi, cuando este se hubo alejado de la
ciudad, la Memoria jamás habría regresado a Nueve de
Julio.
Al parecer, el primero -y tal vez el único- que pudo consultarla
con fines historiográficos, por así decirlo, fue don
Buenaventura Noé Vita (1884-1954). Desde su original, hacia
1920, pudo tomar algunos apuntes -parte de los cuales se conservaban
en su archivo personal- hasta que su propietario la llevara consigo
a Buenos Aires. A mediados de 1903, Emilio Carballeda publicó
en el periódico «El Porvenir», a modo de Crónica
Retrospectiva, uno interesantes artículos que, según
puede suponerse, podrían tratarse de parte del texto de la
referida memoria. A continuación, siguen los párrafos
más importantes de esas notas periodísticas.
En efecto, aunque estos no fueran el texto original del documento,
¿perdido?, de Carballeda, bien pueden ser considerados una
memoria de las primeras vivencias experimentadas en aquellas horas
primeras de la fundación de Nueve de Julio.
TEXTO
CRONICA
RETROSPECTIVA DE LA FUNDACION DE NUEVE DE JULIO (*)
Por Emilio Carballeda
- Principales fragmentos de los artículos publicados en «El
Porvenir» -
Las fuerzas expedicionarias
Eranse a fines de octubre de 1863, que fuerzas del Ejercito de la
Nación; Guardias Nacionales e Indios de las tribus amigas al
servicio de la Nación, sentaron un campamento en Cla-Lauquen
(Tres Lagunas), desierto entonces, y actualmente floreciente pueblo
de Nueve de Julio.
Componíanse las fuerzas regulares, del Batallón 9º
de Infantería, comandado por el teniente coronel don Benjamín
Calvete, y su segundo, don Felipe Batista [sic]; de una compañía
del Batallón 4º, de la misma arma; del Regimiento 5º
de Caballería, acantonado en el 25 de Mayo, siendo su jefe
el teniente coronel don Pedro C. Díaz; del de Blandengues,
acantonado en el Bragado, al mando del sargento mayor don Mariano
Benítez, del que era su jefe superior, el coronel don Julio
de Vedia, Comandante de la Frontera Oeste de la Provincia; de ciento
cincuenta guardias nacionales de varios partidos; y de contingentes
de indios amigos, pertenecientes a las tribus de Railef, del Bragado,
y de Martín
Rondendo [sic], de 25 de Mayo; forman-
do un total de más de mil hombres, vivos y efectivos.
La fundación de 9 de Julio
El coronel don Julio de Vedia, estableció su campamento circundando
la laguna principal, punto estratégico, seguramente, que estorbaba
a los Indios salvajes, que a continuo invadían los partidos
de 25 de Mayo y Bragado. Servirle de apostadero para, después
de sus largas jornadas, dar descanso a la caballada por algunos días,
en un campo abundante de buenos pastos, como ser gramilla fina, trébol
de olor, cebadilla y agua dulce.
No era, pues, extraño, que disipando este paraje, solamente
de diez o doce leguas de los partidos designados, los Indios invasores,
en menos de una noche de marca, efectuaran en la madrugada sus malones,
cautivando mujeres y niños, y llevándose las haciendas
que encontraban en sus irrupciones.
Malones y ataques
Sin embargo, de estar establecido tan fuerte campamento militar, en
diciembre del mismo año, rozándolo a diez cuadras de
distancia, sin ser sentidos, los Indios del Cacique Pincén
pasaron a invadir el partido de 25 de Mayo. De esta invasión,
se tuvo conocimiento por el segundo jefe del Regimiento 5º de
Caballería, mayor Sequeiros, quien en viaje para el 25 de Mayo,
recibió la noticia en la estancia «El Mangrullo»
(hoy Los Ángeles), del coronel Eugenio del Busto (a) Manquillan,
retirado ya del servicio militar.
Sabida, en el campamento, esta invasión, por el parte que el
mayor Sequeiros en
vio desde «El Mangrullo», el Jefe de la
Frontera coronel Vedia, destacó una compañía
del Regimiento 5º de Caballería, al mando del capitán
don Arístides Coria, y teniente 1º don Carlos Parodi,
quienes se dirigieron a cortarles el paso a los indios a su salida;
consiguiendo alcanzarlos, a inmediaciones de la Laguna del Cura, y
quitarles todo el arreo vacuno que llevaban, y parte del yeguarizo.
En esta época, se encontraba ya, situado a ocho leguas más
o menos de este Campamento, en el paraje denominado «Tapera
de Díaz» (hoy Los Toldos), el cacique don Ignacio Coliqueo
y su tribu, con quinientas lanzas al servicio del gobierno (1).
La casa de comercio de Carballeda. Mensura y delineación de
la Plaza principal
El 15 de noviembre de 1863, se inauguró en el campo desierto,
y hoy Plaza General Belgrano, la primer casa de comercio, que estableció
don Emilio Carballeda, con un selecto y variado surtido de mercaderías
en general, aunque con reducido capital, pues no excedía de
treinta mil pesos moneda corriente. Esta casa -construida de maderas
(traídas del 25 de Mayo, conjuntamente con las mercaderías),
barro y techo de junco, a cinco cuadras avanzadas del campamento militar-
fue la base fundamental para la ubicación de la Plaza. Punto
de partida o arranque de donde, el agrimensor ingeniero [sic] don
Miguel Vaschetti, trazó la planta urbana del pueblo, la de
las quintas y chacras, en el mes de marzo de 1864.
En cinco de noviembre del año anterior, el entonces coronel
don Julio de Vedia, Comandante en Jefe de la Frontera Oeste, para
darle colocación al terreno de
Carballeda, trazó con este, y el capitán
don Dolveo Guevara, un cuadrado de ciento cincuenta varas por costado,
como plaza; que actualmente existe, limitado por las calles Buenos
Aires, 25 de Mayo, Montevideo e Independencia, si bien con una disminución
de cincuenta varas de Nort-Oeste a Sud-Este.
Los primeros comerciantes
A últimos de noviembre, y principios de diciembre de 1863,
se establecieron -a media cuadra de distancia de las carpas del campamento
militar, y siguiendo el mismo orden de colocación- varias cantinas,
de las que figuraban, en primer línea, la de don Anselmo Díaz
y don Pedro Salazar, y seguían después, las de Antonio
Guilino, José Molleda, Francisco Aguirre, Manuel Castellanos,
Juan Rodríguez y otros más. Todos ellos, establecidos
en cabañas de junco, puesto que no había maderas para
construir ranchos, ni ningún horno de ladrillo se había
planteado por aquel entonces.
El ingeniero Vaschetti, si bien disminuyó el trazado de la
plaza, que había formado el general [sic] Vedia -en su frente
de Nord-Oeste a Sud-Oeste- la amplió con otro rectángulo
igual, entre las calles Buenos Aires, Libertad, Montevideo y 25 de
Mayo, que es la existente.
El primer poblador:
Don Tomás Vío
El segundo poblador fue don Tomás Vío, quien a principios
de enero de 1864, pobló un rancho de junco, en el ángulo
Nort-Oeste y Sud-Este de la plaza delineada por el general Vedia,
donde estableció una panadería, en la que se vendía
pan de carosillo por blanco; pero siempre era preferible a la galleta
dura que, para partirla, había que hacer uso de un martillo.
Los primeros
hornos de ladrillo
En ese mes de enero, ya el general Vedia estableció dos hornos
de ladrillo, que se elaboraba con soldados dirigidos por don Domingo
Iraizos y Graciano iriarte. Pero, el ladrillo que se hacía,
si bien era destinado para hacer cuarteles y habitaciones para la
oficialidad, el entonces coronel Vedia, fomentando el progreso de
la población, se los facilitaba a particulares, con condición
de devolverlos, así que se establecieran hornos particulares,
que no tardaron mucho en formarse.
Don Cayetano Urbero
y uno de los primeros almacenes
En estas condiciones, se pobló, y estableció también
una casa de comercio, en el ramo de almacén, don Cayetano Urbero,
tercer poblador, propiedad que actualmente pertenece a don Héctor
Sibilla, sobrino de don Miguel Vaschetti.
La fonda de don Domingo Iraizos, y los pobladores que se afincaron
luego
En febrero del mismo año, pobló y estableció
un negocio de fonda, don Domingo Iraizos, siendo en aquel entonces,
el punto de reunión de los pocos vecinos con que contaba la
formación del pueblo, amén de algunos oficiales de la
guarnición que concurrían, fuera de las horas de servicio.
Con pocos días de intervalo, también poblaron y se establecieron
en el centro del pueblo, don Alejandro Cruz, don José Molleda
[sic], don Cornelio López, don Manuel Lafulla, don Luis Melinos,
don Domingo Duhart y don Abelardo Gigena.
Primitivas construcciones edilicias:
las vivientas de don Antonio Maya, del teniente coronel Calvete,
y del coronel de Vedia
Simultáneamente, don Antonio Maya hizo edificar la primera
casa de azotea que se construyó en el pueblo, con albañiles
costeados de Buenos Aires; y para las obras de carpintería,
a don Bernardo Sathicq, primero en su oficio en el 9 de Julio, donde
se radicó definitivamente.
Como en esa época, había ya ladrillo -aunque de mala
calidad- algunos oficiales hicieron construir sus viviendas, entre
las que descollaba la del teniente coronel don Benjamín Calvete,
en un ángulo de la plaza, por la posición y extensión
del edificio.
A últimos de diciembre del mismo año, don Luis Rumi,
sus hermanos Eugenio, Modesto, Juan y otros más, con una cuadrilla
de obreros vinieron a construir una casa de azotea para el entonces
coronel Vedia, actualmente propiedad de don Nicolás Gallo (2).
Nota preliminar y revisión
por Héctor José Iaconis
Notas
(*) Los subtítulos no corresponden al cuerpo del texto original.
Estos son ubicados, con la finalidad de facilitar su lectura, ubicando
con mayor rapidez la temática que aborda. En el texto de los
artículos, si bien textual, se encuentra en cursiva, para distinguirlo
de lo que no corresponde al texto original. Si bien textual, se ha
procurado corregir, en la medida de lo posible, la grafía,
como algunas expresiones confusas.
(1) Periódico El Porvenir, 2 de julio de 1903.
(2) Ibidem, 2 de agosto de 1903.